Desde los orígenes de la humanidad, el ser humano ha buscado dar nombre a las cosas. Ya en el Génesis aparece la noción de nombrar como un gesto fundacional: “el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a las aves del cielo y a las bestias del campo”. La nomenclatura no es solo una forma de designar, sino también de crear tipologías, ordenar el caos del mundo, clasificarlo y, en cierto modo, encorsetarlo. Nombrar es también una manera de sentir que poseemos aquello que nombramos.
Aéreo es una obra generativa que explora el frágil universo de las aves que habitan y atraviesan la región de Extremadura, desde las especies amenazadas hasta aquellas que solo descansan, migran o comparten temporalmente este territorio. La paleta cromática de la obra corresponde a los colores del plumaje de las aves que tienen presencia en Extremadura. A través de un algoritmo personalizado, la pieza se nutre de una base de datos de aves de la región. Esta información se transforma en una animación que simula el comportamiento colectivo de las bandadas, proyectada sobre una expansión de teclas procedentes de teclados reciclados de ordenador.
En Aéreo, el lenguaje sirve como materia visual: en la animación, las letras se agrupan para formar los nombres de las aves y, en otros momentos, se dispersan hasta diluir su sentido. La pieza genera así una tensión entre el impulso de usar el lenguaje para fijar la realidad, y la posibilidad de liberarlo. La naturaleza irrumpe y desarma la estructura, consiguiendo que el significado se vuelve inestable.
El resultado es un poético entramado visual y tecnológico que invita a reflexionar sobre el impulso humano de nombrar el mundo, la inestabilidad del lenguaje y la manera en que la naturaleza subvierte las estructuras que intentamos fijar.
Aéreo es una obra generativa que explora el frágil universo de las aves que habitan y atraviesan la región de Extremadura, desde las especies amenazadas hasta aquellas que solo descansan, migran o comparten temporalmente este territorio. La paleta cromática de la obra corresponde a los colores del plumaje de las aves que tienen presencia en Extremadura. A través de un algoritmo personalizado, la pieza se nutre de una base de datos de aves de la región. Esta información se transforma en una animación que simula el comportamiento colectivo de las bandadas, proyectada sobre una expansión de teclas procedentes de teclados reciclados de ordenador.
En Aéreo, el lenguaje sirve como materia visual: en la animación, las letras se agrupan para formar los nombres de las aves y, en otros momentos, se dispersan hasta diluir su sentido. La pieza genera así una tensión entre el impulso de usar el lenguaje para fijar la realidad, y la posibilidad de liberarlo. La naturaleza irrumpe y desarma la estructura, consiguiendo que el significado se vuelve inestable.
El resultado es un poético entramado visual y tecnológico que invita a reflexionar sobre el impulso humano de nombrar el mundo, la inestabilidad del lenguaje y la manera en que la naturaleza subvierte las estructuras que intentamos fijar.
Medio: Teclados desechados, proyector, reproductor de vídeo, mesa metálica.